Sin Título. 1991 Óleo sobre tela 50 x 40 cm |
Miriam Durango arma sus cuadros mediante la interacción de mosaicos cromáticos. Pintados con delicadeza y refinamiento, se acumulan en el espacio pictórico y descubren la imagen. Un conglomerado vibrátil que apura los conceptos de simetría y complementariedad. Cada fragmento del cuadro refleja a otro y lo que se ve son los efectos de las interacciones: Una imagen sin solidez, ni sustancia, pura complejidad y ritmo. La incidencia en este método de trabajo la singulariza. "Me interesa crear un estilo como técnica, para expresar la vivenciametafísica en el plano material".
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Algunas conclusiones de los físicos contemporáneos le van a ayudar en este empeño, en especial las que aluden a que la naturaleza se presenta en porciones o pedazos (quantos). No es más que una malla de relaciones entre elementos cuyo significado surge de sus relaciones con la totalidad.
Crear imágenes visuales de la esencia invisible del universo, la busca de la ilusión, es uno de los retos que se plantea Miriam Durango, una artista que "no tiene necesidad de expresarse, ni de encontrarse a través de la gestualidad". Lo subjetivo se confina en la creación de un estilo y en el enfoque de la argumentación. A partir de ahí, el yo de la artista se distancia. No intenta imponer su visión del mundo, sino ilustrar algunas de las posibilidades visuales de materialización de la naturaleza última de las cosas.