El título de esta exposición es un augurio, una batida hacia el futuro que avanza una sospecha. Cuando reviente el Tercer Milenio, estos artistas ocuparán un lugar destacado en la plástica canaria. Además de una conjetura, ilustra los denuedos de un grupo de artistas que ya están entre nosotros. Les distancia de los precedentes, la simultaneidad de sus propuestas con las que se hacen en los centros artísticos y la homologación de su lenguaje con el de las artes plásticas coetáneas. El amancebamiento con un sistema de libertades democráticas y la metástasis de las comunicaciones, propician que esto sea un fenómeno natural, y como tal se toma.
Los artistas de Tercer Milenio son herederos de la Transvanguardia y de su desidia por transformar el mundo, incluso sabiendo el viejo aforismo: si renuncias a cambiar el mundo éste te cambiará a ti. Está muy lejos del artista altruista y épico, el dispuesto a las grandes hazañas, el de los tiempos heroicos, como mi querido César Manrique que luchaba por "reiniciar la relación originaria del hombre con la naturaleza. Una reconciliación en la que el artista tenía una misión importante y una responsabilidad moral". Está más cerca de otros artistas de esa época, como Baselitz o Masson, que aseveran: "el artista no ha contraído responsabilidad alguna con nadie. Su papel social es asociar. Su única responsabilidad radica en su posición frente al trabajo que realiza... La pintura no tiene, como en el pasado, un destino verdadero, no responde a las necesidades espirituales de los pueblos. Vive en ella misma. El breve placer que aún puede proporcionar no debe dar ilusión: ya no tiene necesidad afectiva".
Cuando nos aproximamos a lo que está sucediendo hoy en nuestras artes plásticas, encontramos que los artistas son un movimiento en si mismo, su mirada es caleidoscópica, trabajan con fragmentos de la historia del arte que combinan subjetivamente e intentan lacrar con su impronta.
En un proceso similar al de algunos de los artistas de las generaciones antecesoras (el arte ya no es patrimonio de los jóvenes), y al de otros artistas de edad pareja que no están en esta exposición porque el espacio expositivo no lo permite (Gregorio González, Cristóbal Guerra, Gabriel Ortoepía, Roberto Martinón, Antonio del Castillo, Luis Navarro, Ramiro Carrillo, Ma nolo Cruz, José Antonio Zárate ... ), porque no lo han considerado oportuno (Adrián Alemán y Elena Galarza), o por ser ya bastante conocidos (Luis Palmero y José Herrera). Esta exposición es de propaganda, no de tesis, quiere mostrar las diversas vertientes del arle actual, difundir los trabajos de nuestros artistas. Darlos a conocer a la sociedad canaria, mostrar la variedad de opciones y no significar ninguna en particular. Desea ser también un estímulo que propicie nuevas lecturas de lo que está sucediendo y avance el debate de las artes plásticas del futuro inmediato: el Tercer Milenio.
Y, antes de pasar al análisis de la obra de los artistas, quiero recordar algunos acontecimientos sociopolíticos que han incidido, en el modo de relacionarse con la vida y el arte, a los participantes en esta exposición: El SIDA, que distorsionó la sexualidad; el desastre de Chernobyl, que los reconcilia con la naturaleza; la implosión del comunismo, que introdujo la desconfianza en los grandes proyectos. Y la presencia activa de la mujer, en la vida y en el arte, añadiendo un nuevo escalofrío a la sensibilidad.
Carmen Cólogan
Ana de la Puente
Vicente López
Emilia Martín Fierro
Carlos Matallana
José Luis Pérez Navarro