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| Esfera | Piletas |
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| Serie Strand T9002GI |
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| Serie Strand T8902SFV |
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| Serie Strand T9003GI |
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Las pintura y escultura de Alfonso Crujera (crujera@idecnet.com) nos acerca a los vestigios de una cultura remota que también pudiera ser la nuestra. El artista presenta las ruinas de ciudades improbables, los despojos de una arquitectura extravagante seducida por lo curvilíneo. Y algunos objetos encontrados entre sus escombros, heridos por el tiempo y la erosión. Hasta ahora no existen restos humanos, de los habitantes de esta civilización sólo tenemos noticias constructivas: esferas cerámicas rotas, extrañas columnas deterioradas, discos solares y recuerdos urbanísticos.
Situado en el cielo del tiempo, Alfonso Crujera evoca la ciudad perdida, convierte lo imaginario en realidad poética. Recrea un mundo ruinoso con barro, cartón, madera y pintura. Materiales de escasa calidad a los que extrae su esencia expresiva. Dignificación del material menor que siempre ha sido una constante en su producción artística y que ahora emplea para fundar un espacio pictórico, que es también alegoría de un mundo decaído. La ausencia del hombre, del artífice de esta cultura sumergida en el olvido que Alfonso Crujera rescata, nos hace pensar en la precariedad de la condición humana y en la fugacidad de la vida.
La superficie de sus pinturas, lacerada por cartones y maderas, no posee una trama uniforme. Sobre un fondo azul o verde, los colores del mar, se disponen como fragmentos, como indicios que no permiten reconstruir un pasado pero sí facilitan una lectura del mundo presente que vive el artista: un mundo a la deriva donde lo espiritual (representado en la ausencia del hombre en su obra) ha sido desplazado por lo material (las construcciones y objetos encontrados), donde el declive de las ideas (la imagen rota) no es un drama sino un motivo estético.
En sus esculturas, que son difíciles de adscribir a la tradición estatuaria contemporánea, encontramos la sugestión de lo arcaico, del símbolo ignoto que ha olvidado su significado y deambula extraviado fuera de su contexto histórico. No son objetos que perturben por su estética sino por su extrañeza. Realizadas en la milenaria tradición del barro cocido, de la cultura del fuego, estas cerámicas inútiles han perdido su funcionalidad, son sólo pedazos de materia puestos a disposición del pensamiento del artista.
Vistas desde una lejanía aérea y temporal, sus obras contienen una profunda desolación, son diferentes escenas de un mundo acabado que Alfonso Crujera nos acerca, intentando que reconozcamos en sus huellas nuestro destino temporal y su belleza. No se trata de nostalgia sino de unimismar las distintas vertientes de la mirada, de transferir las vivencias e impresiones que nos ocasiona la contemplación de una antigua cultura a la nuestra.
Fotografías aéreas, arqueología submarina, o sueño de la memoria, no tiene importancia. En cualquier caso recorremos construcciones arbitrarias, fósiles de la imaginación que no podemos reducir al mapa.
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