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| El abrazo |
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| Garganta de Aspe |
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| Paisaje abrupto |
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| Desayuno en mesa verde | Palmeras |
La discrepancia y el malestar con una realidad social inane lleva a Ramón Díaz Padilla a hacer su entrada en el arte con una pintura crítica, que los historiadores han llamado Crónica de la realidad. Una obra de denuncia de actitudes y comportamientos, realizada con colores azules y fríos que marcan el distanciamiento del artista con sus representados. Y que no son sólo documentos gráficos de una época, ya que Ramón Díaz Padilla funde el contenido obvio de su discurso con la indagación del espacio pictórico y la búsqueda de soluciones formales. Lo que le conducirá a prescindir del formato tradicional, a que las figuras se desplieguen fuera del rectángulo o del cuadrado, y creen sus propios límites. Al tiempo que la técnica sea sofisticado, con veladuras, difuminados y ensamblajes. El oficio de pintor se impone al de cronista.
A comienzos de la década de los ochenta su discurso ya es eminentemente plástico, con sensibilidad barroca y diapasón expresionista. El tema es la disolución de la imagen en la fronda cromática. Las palmeras y carreteras no son más que conceptos que evocan la verticalidad, o, la exuberancia y lo sinuoso de la vida. Aunque existan figuras, la imagen global es abstracta y de gran confusión; estamos dentro de la foresta y no es fácil precisar los contornos, la complejidad difumina el detalle. En los barqueros, aunque seguimos en la vorágine de la sensualidad global, la figura humana es alegórica y los ritmos del cuerpo son los que establecen los de la pintura y acaban por absorberlos.
Los lienzos de estos años soportan una gran carga energética, transmiten la agitación convulsiva del mundo contemporáneo y su ambigüedad visual. La dificultad de encontrar la identidad en un universo caótico que arrasa formas, valores y elementos referenciales, que se alimenta de desorden y de tensiones irracionales. No hay espacio para el sosiego, todo parece revuelto y ebrio, enigmático y crepuscular. Todo está por definir y todo es provisional, el artista busca la poética en la tempestad.
Un camino tortuoso, de desgaste físico, que Ramón Díaz Padilla va a confrontar con la especulación intelectual y la reflexión poética. El artista habla: la textura, el entrecruzamiento gráfico y la materia pictórica devienen finalmente en motivo primordial de la estructura del cuadro. Aquí se pierden los ecos expresionistas de las series anteriores. Queda la urdimbre como estructura plástica, las calidades, la atmósfera y un cierto sentido poético por la superficie.... El sujeto de la pintura es la pintura misma; es decir, el pensa miento. Trata al soporte como la única estructura previa, tanto material como conceptual, sobre la que el autor desarrolla el proceso mental y pictórico. El interés que suscita la creación plástica es la epidermis de la obra de arte, no en el sentido de textura material, sino en el de la compleja red de estructuras gráficas que la recorren, prendiendo nuestro interés, reduciendo los elemento que intervienen en el proceso a los mínimos necesarios para la configuración de un tejido pictórico... La pintura como piel, como topografía pictórica, inva de todo el espacio ocupándolo hasta sus bordes, anulando el arriba/abajo o el derecha/izquieda".
Música para los ojos, con emotividad rítmica y resonancias espi rituales, en esta pintura de sensibilidad vibrátil que poetiza un mundo de in terconexiones en el que la trama es el mensaje.
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