En los últimos años, Canarias se ha consolidado como un referente cultural, recibiendo y articulando un conjunto de actuaciones encaminadas a afianzar nuestro lugar como emisores y receptores de "cultura". Desde nuestra posición atlántica, los canarios comenzamos a despegarnos de ese aislamiento histórico, principalmente a través de nuestros creadores. Ellos suponen la síntesis de una sensibilidad colectiva, marcada por la tricontinentalidad, por un patrimonio de mestizaje estimulador que subraya nuestra identidad, en armonía con las tendencias y opciones más revelantes de la modernidad.

La nómina de artistas canarios de este siglo convulso que ahora termina, presentes en esta muestra, testifican ese diálogo permanente entre nosotros mismos y el exterior. Certifican un lenguaje con acento propio marcado por la cadencia de una identidad, o sensibilidad específica a través de la naturaleza volcánica de nuestros paisajes, de la luz de las islas y, el océano. Marcan la pauta de "la condición insular".

El Gobierno de Canarias, desde la convicción de facilitar el impulso y apoyar iniciativas que pongan de manifiesto el protagonismo del Archipiélago y el papel de sus creadores, quiere acercar al continente, tomando como vehículo la obra de arte, una forma diferente de observar el mundo, de evocar y simbolizar el pulso de una mirada cosmopolita, pero paradójicamente propia. Nuestros artistas nos vuelven a situar en el concepto que nos distingue, y al mismo tiempo nos une al pensamiento y al diálogo con el resto del mundo.

Ángel Marrero Alayón
Viceconsejero de Cultura y Deportes.
Gobierno de Canarias

ARTE EN CANARIAS
IDENTIDAD Y COSMOPOLITISMO

por
Carlos Díaz-Bertrana

El artista ideal de Flaubert no tenía patria, religión, ni convicciones sociales. De los que participan en esta exposición sólo puedo afirmar que nacieron en las Islas Canarias y que el siglo XX fue su tiempo. Su afán no ha sido manifestar una identidad cultural o una sensibilidad específica, han dedicado su vida a introducir reflexiones e imágenes en el arte contemporáneo, a aclarar su lenguaje expresivo y ser honestos con su oficio. Lo que no implica la renuncia o el olvido de su historia personal, de la naturaleza volcánica que rodeó su infancia, de la luz diáfana que les acompaña, del sabor del plátano verde, de los yacimientos aborígenes,... Cada uno la ha experimentado de un modo singular e irrepetible. Sólo la insertan en su recinto poético cuando la consideran eficaz. No magnifican su pertenencia a una cultura o a un territorio, es su mundo privado; lo usan cuando les es útil, es parte de su ser.

Saben que la identidad es indefinible, porosa y móvil. Si se tiene, bien, si no, no pasa nada. Lo que suele ser reaccionario es la búsqueda obsesiva de los orígenes, la mirada que sólo enfoca el pasado y se enquista en un romanticismo banal. En el arte, la diferencia es un valor menos estimado que la autenticidad y el talento para estructurar el material en una composición neta e intensa. En un lenguaje universal donde la metáfora sustituye a lo obvio y lo inerte deviene poético.

El objetivo fundamental de estos artistas ha sido conectar con el gran arte, no ser artistas locales, ninguno quiere serlo. Es algo que no se elige, sucede. Los medios de los que se nutren son íntimos, sólo le interesan a los eruditos y a los que desean tener una visión integral del artista. A individuos ciertamente morbosos; al común, el ignorar que las arpilleras de Manolo Millares están inspiradas en las momias de los guanches, no le impide apreciar el vigor de su propuesta. Omitir que la espiral era un signo empleado asiduamente por los primitivos habitantes de las Canarias no dificulta la comprensión y el goce estético de una escultura de Martín Chirino. Desconocer que la luz que inunda los cuadros de Jorge Oramas es similar a la de Canarias no disminuye su sensualidad. No saber que las formas triangulares que pinta Rafael Monagas remiten a las pintaderas canarias tampoco es terrible,...

Una obra de arte es un conjunto de sensaciones, de visiones, de información, de convicciones... que trae el artista al cuadro o a la escultura. Son las que sustancian la obra y las que le otorgan la pluralidad de las interpretaciones, pero lo determinante es la fuerza plástica, la originalidad y la frescura con la que se manifiestan. La habilidad del artista para conseguir transformarlas en una obra que sea síntesis de lo conocido y añada algo nuevo. Además, la idea con la que va el artista es alterada por la materia, siempre sale algo diferente de lo que tenía previsto. Cuando el arte es bueno siempre es imprevisible, el artista es el primer sorprendido.

Lo que sí puede inferirse, de los artistas canarios de esta exposición, es que lo emergente de su identidad cultural en la obra viene del mundo de los aborígenes (Millares, Chirino, Monagas, Paco Sánchez, Dámaso), de la orografía volcánica (César Manrique, López Salvador, Tony Gallardo), del aislamiento (Juan José Gil, Pedro González), de la luz (Oramas, Pérez Navarro), de una tipología étnica canario-africana (Plácido Fleitas), de un paisaje esencial (Cristino de Vera), del surrealismo (Óscar Domínguez, Juan Ismael),y de esa mezcla de ironía y humor que llamamos socarronería (Juan Hidalgo).

De lo que no extraen nada es de la tradición de las artes plásticas canarias; tienen sus motivos:no hay ningún pintor interesante anterior al siglo XX. Y, de lo que todos informan, es de lo que Domingo Pérez Minik llamaba la condición insular: un carácter abierto, cosmopolita y liberal.

Estos artistas no se sienten obligados a prescindir de la geografía de la memoria, ni a poner el énfasis en lo autónomo. Los árboles no exhiben sus raíces, las dejan ocultas. Lo íntimo no se airea, al menos así debiera ser. Pero todas las naciones y todos los pueblos se apropian de sus artistas, se definen a través de sus obras. Así funcionan las cosas, el artista trata de expresarse en un lenguaje universal y sus pueblos buscan lo que han incorporado de lo autóctono.

A lo largo del siglo otros artistas canarios han creado poéticas consistentes, han transitado por la historia del arte sin sentir la necesidad de sumar elementos de su entorno cultural y geográfico. La historia está llena de adiciones y sustracciones, y cada artista elige su método de trabajo. Ernesto Valcárcel, José Herrera, Gopar y Lola Massieu son un buen ejemplo de esa pureza artística, de sintonizar con la pintura de su tiempo desde la absoluta orfandad. La actitud de Juan Bordes y José Abad ha sido similar, esa ausencia no les ha impedido ser reconocidos en el panorama de la escultura española. Y, otros buenos artistas canarios la han tocado de forma liminar (Gonzalo González, Fernando Álamo, Luis Palmero, Carlos Matallana, Ramón Díaz Padilla,...).

Los artistas de esta exposición no han tenido ningún problema para asumir su totalidad, han nacido en unos aislados peñascos atlánticos y son ciudadanos del mundo. Sus poéticas se inscriben dentro del lenguaje internacional del arte desde la libertad, no necesitan prescindir de nada. A fin de cuentas, como decía Óscar Domínguez, ¿La pintura es una cuestión de manchas, pero hay que saberlas poner, y si no, que se lo pregunten a Velázquez?.