Y así, muy poco antes de que finalice esta década babélica,
última de un vertiginoso siglo, con el que expira el segundo milenio
de la "Era Occidental", concluye este proyecto tripartito, con la satisfacción
-convencional e insuficiente- de haber al menos intentado manifestar
la amable riqueza cultural que, sea como fuere, emerge –mestiza,
sana y originaria- desde este fragmentado y minúsculo territorio
subtropical macaronésico, en el que, con el cordial patrocinio y
la eficiente gestión de la Viceconsejería de Cultura y Deportes
del Gobierno de Canarias, hemos podido reunir y mostrar, en dignos escenarios
y con generosos medios, una porción amplia y diversa -aunque
imposiblemente completa- de jóvenes artistas plásticos,
a quienes corresponde el genuino protagonismo en esta historia y a los
que manifiesto mi mas grato recuerdo y consideración de esta experiencia,
de sus aportaciones y de sus obras, así como mis mejores y mas sinceros
deseos de bonanza y prosperidad en los albores del III milenio. Al
tiempo que sumo a estas consideraciones mi agradecimiento a cuantos críticos
y artistas invitados (predecesores inmediatos de los anteriores) han contribuido
a la consumación de este proyecto, mediante la aportación
de sus obras para las cubiertas, de sus textos para los catálogos,
y de sus conferencias y participaciones en los actos coloquiales y teóricos
paralelos a las tres exposiciones, con esta última de las cuales,
concluirá también -poco después, en Febrero
del 2000, en Las Palmas de G.C. e indefinidamente- mi incursión
o entrometimiento en el ámbito de los comisariados, sin mayor pretensión
que la de "abonar un campo cuya fertilidad" no supondría para Canarias,
mayores peligros ni beneficios que los que pudieran derivar del reconocimiento
exterior y de la consolidación de nuestra identidad.
En Santa Cruz de Tenerife, a 20 de Octubre de 1999.