
Los que tenemos la suerte y el orgullo de conocer a Dion Gary Blake,
este experimentado artista "zimbabuense", descubrimos inmediatamente en
él dos cualidades que, cuando van juntas, justifican nuestro declarado
e incondicional reconocimiento y cordial consideración. Y me explico:
como artista, D.G.B. manifiesta una incuestionable pericia que despliega
con fruición por cuantas técnicas, formatos, soportes y lenguajes
decide utilizar en su incipiente pero denso proceso evolutivo (eminentemente
pictórico pero con concienzudas y constantes incursiones en la escultura,
el diseño, la experimentación matérica, la instalación
... y todas ellas desde una óptica que conlleva un obvio ingrediente
conceptual). Y como persona funde y nos confunde su sencillez, humildad
y aplomo junto a su educación, cultura y perspicacia. Pero ciñámonos
al artista –al menos en el léxico empleado, ya que este es inseparable
de la persona- y recorramos a grandes rasgos su trayectoria, muy incipiente
a niveles públicos –dado que su propio carácter y circunstancias,
no le han permitido prodigarse en tales menesteres- pero con contundentes
y efectivas intervenciones, que difícilmente escapan a la percepción
de cualquier espectador sensible. Y nada más lejos de una actitud
indolente, inconsciente o desinteresada –ya que la creatividad artística
constituye su actividad más constante y eficaz- es solo que
avanza "con pies de plomo", al tiempo que, paradójicamente, logra
llegar siempre a tiempo y en óptimas condiciones. Hasta donde conozco
su proceso –que cronológicamente se remonta a sus orígenes
públicos en 1996, si bien mis datos se basan afortunadamente en
una relación previa y más directa, con el artista en el taller,
a su paso por la Facultad de Bellas Artes- su desprejuiciado y efectivo
recurso y dominio de la pintura –figurativa, ortodoxa, de caballete y con
pinceles- se ha sabido complementar, sincréticamente, con las diversas
modalidades citadas, en una lúcida, nítida y elocuente interpretación
de la contemporaneidad y de la existencia.
