Panel 5. (Fragmento). Técnica mixta. 150 x 240 cm. 1999.

El nuevo carácter sincrético y mestizo del arte, no es, en el caso de Lena Peñate Spicer una mera condición metafórica, sino la esencia misma de sus procedimientos y recursos re-creativos así como una característica inherente a su propia naturaleza humana (como sus propios apellidos nos indican).  El aspecto formal y visual de sus intervenciones artísticas podría resumirse básicamente como una escenografía mutante que despliega con fruición y seguridad  -donde y cuando a ella le interese- gracias a su pericia en la coordinación de los diversos recursos técnicos -o de oficio-  que para ello se requieren: el dibujo, la escultura, el diseño, la percepción tridimensional, geométrica y topológica del espacio, la experimentación matérica, la construcción... Ante estas cualidades uno podría preguntarse ¿Y cómo es que esta chica no se ha hecho arquitecta? (de hecho yo me atrevo a afirmar sin titubeos e incluso a aseverar jactancioso que ¡lo haría muy bien!. Aunque ignoro hasta que punto estaría dispuesta a estudiar mas álgebra, física y cálculo de estructuras que el que se requiere para utilizar una calculadora elemental –que suma, resta, multiplica y divide-  y que es, a la larga, la única que usa el 97,83504% de los arquitectos). Pero el aspecto formal y visual del arte, no es, para el genuino artista, mas  -ni menos-  importante que el espiritual  -intangible e inefable-  Y es desde esta complementaria simbiosis  -mas propia del artista plástico que del arquitecto y afortunadamente adoptada por L.P.S.-  donde la ubicación y actitud de esta artista hereda, consanguineamente y en línea directa, la interpretación cosmogónica de "la realidad" y los atributos del demiurgo ante "la existencia".  Pues, su "escenografía mutante" no solo comprende el escenario, los decorados, el telón, el mobiliario, la luminotécnia y la tramoya, sino el elenco íntegro de protagonistas (no solamente actores) que posibilitan el fenoménico evento, en el que, con el mas puro acento Pessoano, el habitual y tradicional drama en actos se torna aquí un "drama en gentes", para cuya escenificación, la encarnación telúrica de L.P.S. incuba (¿o sucuba?) el papel del apuntador.