La obra de Sagrario Cabrera Vera ( a quien no conocí personalmente hasta hace pocos meses) me llama inicialmente la atención (1996) por su versatilidad, fluidez imaginativa, recursos  -principalmente escultóricos-  de ejecución y principalmente por la candidez unida a una aguda eficacia en la elección  -humilde y sencilla-  de los materiales con los que confecciona o construye sus disímiles propuestas.  Heredera en línea directa de la mas genuina tradición dadaista y muy especialmente del ready made, naturalmente tamizado por las muchas décadas y tendencias derivadas, como por su actual distorsionada influencia (como Neo Dada, Nuevo Realismo, Arte Povera, Conceptualismo) pero que, en todo caso, conserva intacto ciertos aspectos comunes que recorren la línea ininterrumpidamente hasta hoy, como el reciclaje de materiales encontrados (habitualmente pobres) y el consiguiente carácter efímero de sus instalaciones.  El ejercicio creativo-artístico es para S.C.V.  un mero vehículo de ideas irónicas, jocosas, jeroglíficas y paradójicas que, sin la menor pretensión de comerciar con ellas  -dado que su fuente de inspiración arraiga en un genuino diletantismo re-creativo  que brota espontáneo, humilde y despojado de la mas mínima banalidad ornamental-  y carentes de ambiciosas pretensiones de un estelar protagonismo, solo aspiran a dar cauce a su natural y libérrima habilidad reinterpretativa, desmitificadora y tergiversante de tópicos, refranes y demás sedentarias decantaciones de nuestra visión. Esta expresiva y elocuente sencillez de sus trabajos consigue habitualmente  -y quizás sin pretenderlo-  estimular el pensamiento y la curiosidad del espectador sensible  -e incluso del que no lo es tanto-  mediante su inherente facultad de impresionar nuestra retina, funcionando así esta especie de innato y loable don, como un eficaz inductor a la (inicialmente acuñada por el nuevo realista Martial Raisse)  "higiene de la visión".
 

 
Cd's roof (instalación 10 piezas). Metacrilato recortado. 1999