
La primera cualidad que me llamó la atención en Teresa Arozena Bonnet, fue su espontáneo y fluido discernimiento en el análisis teórico de la fenomenología de las artes en general –fruto directo de un precoz bagaje cultural y una natural habilidad para articularlo –unido a cierta inusual y loable ausencia de ambición o de premura por dar a conocer públicamente su trabajo creativo-artístico, que es siempre, en última instancia, el producto de un masticadísimo y denso proceso evolutivo. Su formación y sus suficientes recursos plástico-pictóricos, afectados por un predominio manifiesto de sus contenidos sobre su continente, de su significado sobre el carácter artesanal del soporte/significante, la llevan a derivar prontamente hacia diversas técnicas fotográficas, en las que se detiene, desde antes de terminar sus estudios, hasta el presente. Investigadora aventajada de una transgresora vertiente estética protoconceptualmente duchampiana, que –prolija y aparentemente imperecedera- evoluciona hasta nuestros días, a lo largo de una multitud de derivaciones, revisiones y procesos contemplados ampliamente en las páginas precedentes, T. A. B. nos alcanza hasta "hoy-aquí" su reflexivo "cine incidental" en el que late, palpitante, la paradójica controversia de la interpretación de la relación/comunicación entre sujeto y objeto, entre la obra y el espectador –al que considera un medio más- y en cuyo desenlace, el factor tiempo confiere al experimento un –aparentemente- preocupante carácter de "fenómeno cerrado en sí mismo, condenado a evidenciar la imposibilidad del lenguaje". Pero T. A. B. -que es una experta en la domesticación del hecho de que "las apariencias engañan"- encuentra en un tautológico recurso Duchampiano, el genuino sentido del "Acto creador" y del "Hecho artístico" que -cual prestidigitadora de la imagen transmutada en palabra- nos ofrece en una de sus "notas": "todos los experimentos deben contener su propia corrosión: Dèjouer. Tobogan que vuelve siempre al punto de partida invitando a un nuevo recorrido. Viaje redondo – merci Marcel".

