Martín Chirino
Viento. 1985
Hierro Forjado
22,5 x 23 x 6cm.

EL viento y la búsqueda de los orígenes lo introducen en el laberinto de la espiral. Un símbolo retorcido y barroco, que se aleja de su centro y se emancipa sin perder la identidad. Es el hijo que crece sin olvidar a sus progenitores ni a su cultura. Desea ser libre, encontrar su camino, pero no es ingrato con la tradición. La escultura de Martín Chirino ilustra esta actitud, encuentra lo universal en la identidad, la modernidad en la herencia y el futuro en el pasado. La coherencia es su atributo.

La Espiga Ola Inquisidor III El Viento

No por casualidad elige el hierro, es el metal más empleado por los escultores españoles. Un metal dúctil, maleable y resistente, que los hombres trabajan desde la más remota antigüedad. Martín Chirino lo dobla, lo curva, lo introduce en la creación artística contemporánea y lo transmuta en símbolo de austeridad intensa, en motivo de análisis y especulación. El misterio de la espiral no es revelado, pero el artista elucida claves. Aviene conceptos aparentemente opuestos: el extravío y la concentración, lo cerrado y lo abierto, el centro y la periferia, lo natural y lo heurística, la pesadez del material y la ligereza de las formas.

La espiral que habíamos visto en la naturaleza, en las conchas de algunos animales, en las nebulosas y en el arte primitivo, es ahora un objeto artístico. Martín Chirino muestra cómo, un signo ancestral y ubicuo, incorporado al ámbito del arte, aumenta su complejidad y polisemia; se enriquece con valores plásticos ignotos y convierte lo sígnico en simbólico. La interpretación de la espiral que hace Chirino amplía su sustancia metafórica y analógica. Transforma el si o, que es indicio o señal, en un símbolo, en un concepto moral e intelectual. La imagen se hace carne, la forma deviene poética.

Apresadas las ideas en un laberinto de hierro, Chirino explora la sintaxis de la espiral y sintoniza sus cualidades plásticas con el lenguaje de la escultura contemporánea. Un lenguaje que recupera el placer del oficio, que unimisma la tradición y lo nuevo, lo local y lo universal, que concilia el discurso con la acción. El artista no disimula la sugerencia de la estatuaria clásica, de la simplificación de las formas del arte africano, de la sensualidad curva y conflictiva del barroco, de la preocupación espacial y voluntad de orden del Constructivismo, de la forja española y de Julio González, de la repetición y diferencia del minimalismo... Como ha señalado Dore Ashton, lo que caracteriza su obra es una actitud generosa hacia la tradición. Ha comprendido intuitivamente que no importa cuán original sea la obra de un artista, pues lo que con frecuencia la hace inteligible es el cúmulo de la tradición que ha sabido asimilar y transformar.

Y a pesar de todo, de las influencias reconocidas y del uso sistemático de un signo omnipresente, Martín Chirino encuentra una poética propia. El rigor y el talante con el que ha emprendido la aventura culmina en una síntesis genuina. Su espiral es un dibujo en el aire que reconoce cualquier aficionado al arte. Imposible confundirlo con otro artista. Sólo la naturaleza lo imita, en el desplazamiento espiral de una aulaga enloquecida por el viento de Balos, en el vuelo de un ave junto a la línea del horizonte, en las heces del hombre primitivo, o en la concha fósil de la amonita: llamada en otro tiempo cuerno de Ammón, designa también a una mezcla explosiva de nitrato amónico.

BIOBIBLIOGRAFÍA