Óleo s/lienzo, 72,5 x 57,5 cm. |
Sanguina y lápiz s/papel, 22 x 31 cm. |
Le retour à l'ordre. Al orden pictórico. La nueva mirada hacia la figura, tras la desaparición de ésta en las vanguardias de los primeros veinte años de este siglo.
Le retour á I'ordre. La consigna dada por Jean Cocteau, que, sin embargo, no había podido anticiparse al genio intuitivo de Picasso.
El retorno a la figura, a la arquitectura, al dibujo delimitado y diáfano; a los cactus y a los maniquíes. Sin movimiento, sin futurismo italiano y sin figuras geométricas pugnando por transformar el lienzo. La
necesidad humana de vislumbrar en la pintura un mundo mágico, no
tan feliz como siniestro -si por tal entendemos lo que no se puede ver,
no lo terrible-, pero ver, al fin. Al menos, entender.
Óleo s/tabla, 17 x 19 cm. |
Acuarela s/papel, 17,5 x 24 cm. |
Este retorno al orden se impregna de diferentes corrientes, de distintas tendencias. La pintura italiana, o la alemana, o la francesa, o en algunos casos la española, formaban así un corpus resistente a las emergentes tiranías que amenazaban Europa. Estos artistas se propusieron crear el cuadro como un universo autónomo que tuviera la apariencia de una realidad nueva.
Post expresionismo, realismo mágico. Quizá en algún momento como en Canarias en el año 29, indigenismo.
No estamos hablando de los felices veinte de Berlín o París, sino de unos años de penuria, de escasez, en los que la platanera había quedado sin exportar debido a la crisis económica provocada por la primera guerra mundial. Aún así, en Canarias había llegado también la nueva figuración. A través del libro de Franz Roh, publicado en versión española en 1927, los alumnos y los maestros de la Escuela Luján Pérez se habían sentido fascinados por estas nuevas teorías.