Coincidían éstas con su búsqueda de la modernidad sin atravesar la abstracción, que hasta bien entrado el siglo no sería asimilada en las islas. Coincidían también, y esto es lo importante, en una búsqueda de la modernidad que aglutina en torno a revistas literarias -La Rosa de los Vientos, Cartones- y alrededor de la Escuela Luján Pérez -creada en 1919- las figuras más interesantes de la vanguardia canaria; creando una alternativa moderna al regionalismo de Aguiar y de Guezala, a los paisajes de Bonnín y al decadentismo de Néstor.
 

Girasoles, 1940.
Óleo s/lienzo, 53 x 44,5 cm.
Sin título, 1945.
óleo s/lienzo, 31,5 x 34,5 cm.

Es, pues, la quietud del realismo mágico que promesa y sentencia, anuncia esa belleza que fue siempre conocida y reconocida, en todos los tiempos, la que enlaza en una red invisible la pintura del indigenismo canario con los cuadros realizados en Europa durante los felices veinte y con los lienzos del Picasso neoclásico.

El año 29 exponen por primera vez los discípulos de la Escuela Luján Pérez, primero en Las Palmas y después en Santa Cruz de Tenerife. En esta exposición se acuña el término de indigenismo para definir la pintura de estos jóvenes artistas, que toman como modelos los campesinos canarios y los paisajes y la flora autóctona. El año 29 es, por tanto, importante en la historia del arte en Canarias. Pero no lo son menos los años anteriores, los de formación, cuando en la Luján Pérez se organizaban tertulias, a las que acudían creadores, plásticos y literarios, que dieron forma a un modernismo extemporáneo, algo tardío, pero no por ello menos hermoso o revulsivo para entender el deslumbramiento de los jóvenes artistas que allí se formaban.

El año 29 es también el año de la publicación de Lancelot 28º  7º, de Agustín Espinosa, donde reclama la necesidad de abstraer y crear símbolos para una modernidad insular:

Una tierra sin tradición fuerte, sin atmósfera poética, sufre la amenaza de un difumino fatal. Es como esas palabras de significación anémica, insustanciales, que llevan en su equipaje pobre -e inexpresivo- las raíces de su desaparición.

Una necesidad que se transforma, que hace describir el paisaje de Nazaret -Lanzarote-, donde la claridad de los límites podría acercarse a cualquier paisaje de los indigenistas:

En 1930 se publica la revista Cartones, continuadora de la tradición de La Rosa de los Vientos, cuyo único número, de escasa tirada, conocemos actualmente por una edición facsímil. En esta revista, Cartones, los dibujos y los poemas, así como un artículo de Juan Rodríguez Doreste, reclaman interés para el paisaje canario, para su aridez y sus tuneras y cactus, transformándolo en emblema de una nueva estética, tan cercana a la del Realismo mágico europeo, como a la de los muralistas mejicanos, con quienes siempre se les ha querido emparentar.