EL PAISAJE COMO TOPOGRAFÍA
Las formas del lenguaje abstracto en el arte del siglo xx casi siempre constituyen elaboraciones reductivas de los fenómenos de la naturaleza. El caso más notable es el de Piet Mondrian, cuya pintura no es otra cosa que una abstracción bidimensional del paisaje holandés. La reducción topográfica del paisaje canario que, desde un enfoque analítico, José Antonio Zarate propone no implica tan solo la impugnación de la idea tradicional del paisaje como postal impresionista sino la posibilidad de construir un alfabeto de formas elementales abstraídas de los datos que brinda el conocimiento del territorio.
En una naturaleza como la del archipiélago canario en la que se asciende bruscamente de la cota cero a cotas superiores a mil metros, lo que sucede en todas las islas menos en las orientales, Lanzarote y Fuerteventura, tal reducción cobra sentido y autoriza cualquier aplicación estética de la misma.
Por otra parte, el alfabeto de las cotas guarda una relación analógica con las ondas marinas, de tal manera que los mismos signos sirven para aludir a dos espacios contiguos: el de la tierra, vertical y abrupto; y el del mar que rodea las islas, horizontal aunque encrespado casi siempre.
El alfabeto topográfico elaborado por Zárate aspira a descifrar el espacio de la isla como espacio dinámico, pues las tensiones que las curvas de nivel simbolizan en su aplicación estética aluden a una naturaleza en constante movimiento. Éstas funcionan también como vectores que indican la orientación de dichos movimientos telúricos. Así, la representación topográfica renuncia su funcionalidad descriptiva para cumplir la tarea de desvelar el orden de la realidad natural que se oculta tras las apariencias del mundo sensible. Aunque siempre hay quien confunde la realidad con el ate. Ya lo decía Borges: " no es lo mismo el mapa que el territorio".