Esther Fulle


Esther Fulle es una mujer expresiva, inquieta, vivaz y culta, en gran medida, que se declara libre de convencionalismos y se jacta de no caminar al compás de los otros, por lo que cualquier intento de encuadrarla como pintora dentro de unos cánones establecidos resultaría improcedente. Y es que se trata de una pintora inclasificable, cuya pecularidad reside, precisamente, en su rechazo al encasillamiento. La libertad creadora, rayana en el anarquismo, es el rasgo que mejor la define y le faculta para abarcar todo tipo de maneras, técnicas, estilos y argumentos. Cuando pinta, hace esculturas o se emplea en trabajos de artesanía, lo hace a su aire, al margen de modismos, influencias y determinismos. Pintora inclasificable, insisto, pero pese y merced a ello, pletórica de originalidad, hasta el punto de que todos sus cuadros llevan la impronta de una personalidad tan acusada que no admite parentescos ni comparaciones.

Los géneros del bodegón, el paisaje y la figura conviven en estos cuadros como elementos compositivos y temáticos inseparables. Y son los calados canarios y las botellas sus motivos omnipresentes, casi siempre acompañados de representaciones florales. Pero son los calados el motivo por excelencia de la pintura de Esther Fulle. Ya siendo niña vio como los confeccionaba, en Chile, su abuela materna canaria. Y los calados calaron -valga el juego de palabras- en ella desde entonces, recreándolos continuamente a través de su pintura y, ofreciendo en su homenaje una ecxposición monográfica ("Altares"), de memorable recuerdo entre nosotros, hasta convertirse en el sello y firma de sus cuadros.

Más conviene aclarar que la presencia de los calados se debe a su vistosa y original apariencia y las soberbias calidades ornamentales y plásticas que exhiben, en contraste con el carácter intimista, el encanto decorativo y cálido mensaje hogareño que transmiten. Distinto significado tiene la botella, el otro motivo permanente de su obra. Un significado mágico, a tenor del que le asignan antiguas leyendas. En cualquier caso, la reflectante calidad de la botella no puede faltar en la confección del bodegón, y de bodegones tratan estos cuadros, con la incorporación de paisajes y figuras, por entender su autora que la pintura debe responder a una visión compendiadora en la que el todo se conjugue con el uno. A una concepción moderna de la vida en la que somos espectadores simultáneos de todos sus aconteceres.

También participa esta pintura de cierto contenido onírico, surrealista: manteles sin comida y mesas flotantes que inconscientemente -asevera Esther Fulle-, quedaron en sus cuadros. Y en anteriores etapas se sintió atrida por el arte indigenista del Perú, y por los temas mitológicos, simbolistas y eróticos (pintó una serie de ángeles eróticos como homenaje a Néstor).

Ha empleado el pastel, la acuarela, el acrílico y la mezcla de metacrilatos con resinas sintéticas, para finalmente convencerse de que el óleo es la materia que más ventajas le ofrece, porque con él consigue todas las calidades deseadas. Y reivindica con cierto orgullo la invención de la escultura con estaño sin fundición.

Tampoco debo silenciar, al término de este comentario, su condición de extraordenaria colorista, para recordar sus lúcidas etapas de los azules, los rojos, los verdes, los ocres y los marrones, hasta desembocar en la armonía tonal, de gamas calidades, de la actual. Y de proclamar que uno de sus mayores logros ha consistido en hacer arte de la artesanía.

José Agudo Pérez
de la Asociación Española
de Críticos de Arte.
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