LA INTERVENCIÓN EN RETABLOS POLICROMADOS 
 
MARCOS HERNÁNDEZ MORENO. Restaurador de obras de arte

INTRODUCCIÓN
 
Atendiendo a que la difusión del patrimonio histórico es la mejor garantía para su conservación y su transmisión a generaciones futuras y a la creciente demanda por parte de la sociedad, que cada vez se muestra más  interesada por el conocimiento de los bienes que integran su patrimonio, deseo sintetizar los tratamientos realizados por la dirección General de Patrimonio Histórico del Gobierno de Canarias en tres retablos: retablo de Jesús  Nazareno en la Iglesia de Nuestra Señora de la Concepción, Santa Cruz de Tenerife; retablo mayor de la Inmaculada Concepción, iglesia de San Francisco de Asís, Santa Cruz de Tenerife; y retablo mayor de la iglesia de la Peña de Francia, Puerto de la Cruz, Tenerife. 

La intervención sobre retablos entraña una complejidad mayor que el resto del patrimonio mueble, debido a las dimensiones de la obra, su acceso, los abundantes recursos necesarios, tanto materiales como técnicos para abordar la obra con ciertas garantías y en un tiempo prudencial, debido a que los tratamientos han de desarrollarse in situ, limitando en lo posible las dificultades y trastornos de utilización de la iglesia como lugar de culto. 

Los retablos suponen el punto de unión entre pintura, escultura y arquitectura. A través de la diferente tipología de retablos se establece siempre un juego con la arquitectura, definiendo el carácter del espacio, al mismo tiempo dan solemnidad y sirven de referencia visual con el empleo de pan de oro bruñido y mate; estofados o corladuras resaltan el aspecto sorprendente de los retablos, convirtiéndose en el marco perfecto para establecer programas iconográficos mediante pinturas, esculturas o relieves. 

El origen de los retablos tal y como hoy los conocemos se sitúa en el siglo XV; si bien existen con anterioridad, será a partir del Concilio de Trento en el que se articula la necesidad de su colocación detrás del sagrario. Los retablos nacieron de una evolución en el arte de decorar y ennoblecer los altares, preocupación que se inicia desde los primeros tiempos cristianos. Asimismo existió a lo largo de la Edad Media cierta tradición artística al servicio de las devociones privadas, manifestada por medio de pequeños objetos fabricados en madera, marfil, metal o esmalte; la estructura y disposición de las imágenes de algunos retablos góticos monumentales se encuentra ya anunciada en estas pequeñas obras preciosas. Pero la costumbre de colocar una estructura historiada detrás del altar, retrotabulum, cuando realmente alcanzó un gran desarrollo fue durante el estilo gótico, sobre todo en el siglo XIV.

La intención del tracista, que inspirándose en elementos arquitectónicos clásicos diseñaba el retablo, era la de establecer un espacio sagrado donde situar el sagrario con el debido decoro, sirviendo de punto de unión entre lo terrenal y lo divino. Estas trazas eran ejecutadas por entalladores y carpinteros que solían formar grupo que trabajaba en diferentes parroquias. 

Finalmente no puedo dejar de referirme a Cesare Brandi, que en el año 1939, crea el Instituto Centrale del Restauro, y permanece en su dirección durante veinte años. La dimensión pedagógica que cobra la figura de Brandi, a partir de sus escritos sobre teoría de la restauración tendrá su colofón en la "Carta del restauro" de 1972 (1). 
(1. Brandi, Cesare: "Teoría de la restauración". Alianza Editorial. 1988). 

Para él la restauración "constituye el momento metodológico del reconocimientode la obra de arte, en su consistencia física y en su doble polaridad estética e histórica, en orden a su transmisión al futuro". Este reconocimiento es determinante en la comprensión de la naturaleza estética del impulso restaurador. Sólo el juicio sobre la condición de lo artístico es el que determina tanto la necesidad de la intervención como la naturaleza de ésta. 

La finalidad de la restauración debe ser "el restablecimiento de la unidad potencial de la obra de arte". Por supuesto sin caer en la falsificación histórica y sin eliminar los agregados o huellas del tiempo. 

El criterio seguido en las intervenciones ha sido el de conservación y recuperación de la lectura integral de la obra, empleando una metodología de trabajo que parte de los resultados de los estudios preliminares realizados: históricos, analíticos, características técnicas y estado de conservación. Se han aplicado los tratamientos mínimos y necesarios que requieren las obras y todo el proceso ha sido documentado fotográficamente con distintas técnicas: iluminación normal, luz ultravioleta y macrofotografía, efectuando un barrido sistemático. Se han realizado los oportunos estudios de medición de temperatura y humedad relativa, dando gráficos para su posterior interpretación en la memoria final del proyecto.

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RETABLO DE JESÚS NAZARENO. IGLESIA DE NUESTRA SEÑORA DE LA CONCEPCIÓN.
SANTA CRUZ DE TENERIFE

En síntesis, se ha conseguido con esta intervención:

El avanzado estado de deterioro y su intervención en 1915 requería dignificar el retablo como objeto que alberga esculturas de culto, siendo expuestas con el debido decoro, por ello se decidió forrar el interior de las hornacinas laterales del primero y segundo cuerpos, ante la inexistencia de policromía en estas áreas, al haber sido intervenidas estas zonas con posterioridad reemplazando el soporte. La tela de damasco roja que cubre las hornacinas está colocada con grapas, lo que permite su reposición en un momento dado.

Con el mismo criterio se colocó una moqueta acrílica roja sobre la tarima, en la que se dispone la mesa de altar. Esta moqueta reemplaza la anterior, muy deteriorada al estar descompuestas sus fibras; antes de ponerla se quitaron restos de otras moquetas plásticas, periódicos de 1924 y tela de arpillera. Se fijó con cinta adhesiva de doble cara, específica para moquetas, permitiendo si se desea su reposición. Las medidas de esta moqueta son: 147 x 329 cm.

Se pensó en un primer momento cerrar el hueco de la parte posterior de la hornacina central del primer cuerpo con madera estucada y reintegrada cromáticamente con un tono celeste, pero tras consultas posteriores se decidió colocar una tela de damasco azul celeste que no contrastara con el resto del nicho y tapase el hueco, ya que de lo contrario no existiría el espacio suficiente para la escultura titular del retablo: Jesús Nazareno. Esta tela también está fijada mediante grapas.

Otra intervención realizada no reflejada en el proyecto fue el refuerzo de los cristales de las hornacinas de las calles laterales con masilla al aceite y el cambio del cristal superior de la hornacina inferior derecha, al estar una esquina rota. Se decidió no suplantar ningún cristal ya que se encuentran en buen estado, son de la época, estando realizados en 2-3 piezas y tienen unos efectos irregulares diferentes a los cristales existentes en la actualidad.

RETABLO MAYOR DE LA IGLESIA DE LA PEÑA DE FRANCIA, PUERTO DE LA CRUZ.
TENERIFE

En síntesis, se ha conseguido con esta intervención:

RETABLO MAYOR DE LA INMACULADA CONCEPCIÓN, IGLESIA DE SAN FRANCISCO DE ASÍS.
SANTA CRUZ DE TENERIFE

En síntesis, se ha conseguido con esta intervención: