La restauración del retablo del altar mayor de la iglesia de Nuestra Señora de la Peña de Francia, obra anónima de principios del siglo XVIII, se concluyó tras siete meses de trabajo llevado a cabo por un equipo de cuatro restauradores formado por Mª Meritxell Barroso, Reyes Casañas, Marcos Hernández y Nuria Pajares.
Se trata de un retablo de estilo barroco, enmarcado dentro de la tipología de retablos con columnas salomónicas triples y cuyo tema iconográfico se centra en cuatro altorrelieves en los que se representa el Nacimiento, Bautismo, Crucifixión y Resurrección de Jesucristo: San José con el Niño, San Juan Bautista, la Cruz (representada también como topónimo alusivo de la ciudad: Puerto de la Cruz) y Cristo Resucitado. El nicho central lo ocupa la imagen de la titular del templo, Nuestra Señora de la Peña de Francia.
Sabemos que el retablo "fue dorado y marmolado en blanco, con algunos de los fondos de los nichos de otros colores, en 1765. En 1835 se volvió a retocar y variar sus fondos; todos menos el del hueco donde está la Cruz, que blanco era y blanco está. Todavía se hacen otros arreglos en 1927..." Trujillo Rodríguez, Alfonso: El Retablo Barroco en Canarias. Las Palmas. 1979. Mancomunidad de Cabildos, Plan Cultural y Museo Canario. Página 130).
Una
de las principales causas de degradación que presentaba la obra
era el ataque de insectos xilófagos (o devoradores de la madera),
por lo que se procedió primeramente a la desinsectación total,
no sólo de este altar, sino de toda la iglesia. Pero el mayor
obstáculo a la hora de la restauración lo supusieron los
numerosos repintes que se presentaban sobre casi toda la superficie
policromada del retablo.

En un principio se realizaron pruebas de limpieza en varios puntos seleccionados, y se pudo observar que el estrato subyacente era de mayor calidad pictórica. Se eliminó la pintura de color marrón-grisáceo que cubría el noventa por ciento de los fondos y hornacinas laterales del retablo; debajo apareció otra de color rojo de tono más cálido y, a su vez, se pudo comprobar que ésta cubría la policromía original que imitaba un marmolado en blanco, como se puede observar en la zona del sagrario, donde sí ha sido recuperado.
También las zonas doradas (cornisas, capiteles, motivos vegetales de las columnas y otros elementos decorativos) se encontraban ocultas bajo varias capas de oro falso y purpurina y en la zona de la predela aparecían hasta tres capas de pintura superpuestas que hubo que eliminar, en su mayor parte a punta de bisturí.
Así pues, se sacó a la luz la segunda policromía realizada en el siglo XIX, considerando este añadido también como histórico que, aunque ocultaba la pintura original, no restaba calidad a la obra y le devolvía su unidad estética. Por otro lado, en otras zonas, como en las columnas y motivos decorativos de color blanco, se respetó la policromía que presentaban, pues ésta armonizaba plenamente con el conjunto, haciéndose sobre ellas una limpieza superficial con diversos disolventes, así como también en la hornacina central, donde va colocada la imagen de Nuestra Señora de la Peña de Francia, única zona del retablo que no aparecía repintada.
En conclusión, se optó por una solución intermedia entre los dos diferentes criterios histórico-estético que existen en la restauración, siempre con la intención de devolverle a la obra su legibilidad y mejorar su estado de conservación, asegurando la transmisión a futuras generaciones.
Pero no podemos terminar sin antes hacer una crítica al hecho de que "no faltará, ni ha faltado, quien ha querido incorporar la restauración en la íntima e irrepetible fase de proceso artístico. Constituye la herejía más grave de la restauración: es la restauración de fantasía". Nadie mejor que Cesare Brandi (Teoría de la restauración. Alianza Editorial. S.A. Madrid. 1988.1989.1992. Página 33), para explicar en una frase las numerosas barbaridades que se han hecho, y que aún se siguen haciendo sobre las obras de arte, que muchas veces en vez de proceder a su restauración pasan a manos de inexpertos que se explayan pintando de nuevo toda la superficie de la obra con colores llamativos y diversas purpurinas.