
Introducción
Este breve artículo se propone destacar la gran importancia artística e histórica del retablo de Amberes, incluido en el retablo mayor de la Basílica de San Juan Bautista de Telde, en Gran Canaria, pieza única en nuestra Comunidad Autónoma y, al mismo tiempo, ampliar los conocimientos generales sobre los retablos flamencos, con escasa bibliografía en España.
Evolución material de los retablos de Amberes
De entre la abundante producción de retablos antuerpienses del siglo XVI, por desgracia sólo una pequeña parte nos ha llegado intacta. En efecto, han sufrido iconoclasia, vandalismo, robos, incendios, guerras y también tratamientos malos.
Así, una serie de retablos han sido abundantemente repintados o redorados parcial o totalmente en los siglos XVII, XVIII,
XIX e incluso en el siglo XX: Neerharen, Korspel/Beverlo, Hulshout, Enghien, Schoonbroek-Retie, Bouvignes...
Otros han sufrido un decapado total hasta llegar a la madera, como el retablo de la Pasión de la Iglesia Saint-Germain l'Auxerrois (París) y el retablo marial de la Basílica Notre-Dame de Tongres.
Otros, después de haber sido repintados sobre el original, fueron restaurados y se intentó quitar los repintes con más o menos habilidad; por ejemplo, el retablo de Neerharen, en el cual se ocasionaron graves daños en el dorado al quitar la repolicromía; también podemos citar el retablo de Stedlijk Museum de Louvain en el que se eliminaron las encarnaciones y en el que toda la azurita original ha sido arañada y el conjunto bañado en cera-resina.
Escasean los retablos que no han sido sometidos a repintados, retoques, redorados, aplicación de broncina, de barnices, de fijadores inadecuados y por renovación de esculturas. También han sufrido por el envejecimiento de las materias (oxidación, aclaramiento de algunos tonos), la influencia de los cambios climáticos (fisuras, despegados, levantamientos, lagunas) y finalmente por el polvo.
La conservación y la restauración de los retablos
Actualmente se conserva más que se restaura y si la forma o la policromía han desaparecido, no se reconstruyen. Describimos rápidamente la política de trabajo y las operaciones sucesivas de conservación y restauración realizadas sobre una decena de retablos antuerpienses.
Los retablos policromados, ya presenten superficies repolicromadas u originales, retocadas o repintadas, sufren muy a menudo cambios de humedad relativa. La madera se contrae y se dilata y la policromía no sigue estos movimientos, levantándose, se desconcha y cae. Una de las operaciones esenciales de la conservación es volver a fijar las capas pictóricas.
Habrá que elegir los fijadores adecuados para las diferentes materias de las que están compuestas las policromías. No se puede elegir ningún fijador graso para las capas mates y granulosas como las de los adornos en azurita. Después de hacer pruebas, se puede elegir, por ejemplo una cola proteica o una cola sintética: cola de esturión o un acetato de polivinilo diluido.
Un refijado debe organizarse siempre in situ antes del transporte. si la obra no necesita un tratamiento largo de conservación en un taller, se terminará la fijación en el lugar; este fue el caso de los retablos de Enghien, Bocholt, Opitter, Schoonbroek-Retie, y los dos de Hulshout. En los retablos de Neerharen, Korspel-Beverlo y Bouvignes, tratados completamente, el acabado de la fijación se realizó en el taller.
La segunda operación a veces necesaria es la desinsectación local o total. Vista la calidad de la madera utilizada, constatamos solo ataques puntuales, debidos a insectos xilófagos y a menudo limitados a maderas añadidas, ya sea lengüetas de madera clavadas para impedir el cierre de las puertas (Opitter) o pequeñas partes de elementos.
La desinsectación se realiza por aplicación local de Xylamon Combi - 200 o simplemente por erradicación de los listones no originales infectados.
Sin embargo uno de los retablos presentó un problema de hongos, el retablo de Korspel/Beverlo tenía fragmentos cubiertos de mohos blancos bastante resistentes a los desinfectantes. Una primera limpieza con una amina cuaternaria no resolvió el problema. Fue necesario utilizar un producto elaborado por el Centro Agrónomo de Gembloux, la azaconazole.
La limpieza de los retablos con el fin de poder exponerlos debe considerarse para todos aquellos tratados in situ como un mantenimiento, un «lavado». En efecto, el retablo de Schoonbroek-Retie presenta tantos arreglos formales y una policromía unitaria tan enteramente neogótica que la única elección posible es la de conservalo tal cual. Ocurre lo mismo con el aspecto coloreado neo de los dos retablos de Hulshout.
El retablo de Bocholt fue restaurado antiguamente por los servicios del I.R.P.A. (con una política más intervencionista que comportaba grandes retoques coloreados y dorados), ahora no necesitaba más que una limpieza.
En los seis retablos se quitó el polvo en seco y con disolventes.
En la mayoría de los retablos, numerosos fragmentos de arquitectura se movían o estaban incluso totalmente desprendidos y conservados preciosamente en los presbiterios. El volver a pegarlos y la consolidación de las fijaciones de los fragmentos necesitaron siempre intervenciones muy largas.

Los tres retablos tratados completamente por el IRPA fueron escogidos por las siguientes razones:
-Las esculturas y las puertas pintadas de Neerharen estaban tan alteradas que no era conveniente un tratamiento in situ.
-La importancia de los levantamientos, lagunas, retoques de broncina oxidada, ennegrecimiento total de las superficies doradas y aplicadas después de un raspado inacabado de los repintes, hacían que la obra no pudiera ser mostrada, y para la conservación completa era necesario desmontarlo. Fue, pues, un estado de alteración alarmante lo que hizo optar por una restauración completa.
-Las esculturas clavadas al muro húmedo de la capilla de Korspel fueron consideradas por el Bestuur Monumenten en Ladschappen, como en peligro y el tratamiento de conservación (fijado, limpieza y desinfección) necesitaba también desmontado y tratamiento en taller. Una capa repintada popular del siglo XIX ha sido conservada, ya que bajo esta capa, los restos de la policromía original no eran suficientes para justificar su eliminación.
-El retablo de Bouvignes, tardío, muy alterado y cubierto localmente por capas repintadas muy feas, esperaba desde hace varios años su restauración. Un fijado de conservación in situ fue realizado en los años 70 en previsión de un tratamiento de restauración completo. La amplitud del trabajo y el coste de la operación impidieron su realización hasta el proyecto de la exposición. La opción de eliminar los repintes se tomó rápidamente después del examen en profundidad de la obra.
Retablo de San Juan Bautista de Telde. Reseña histórica
La construcción de la parte barroca ha sido tradicionalmente asignada a Antonio Almeida a partir de la obra de Pedro Hernández Benítez, pero gracias al hallazgo fortuito en 1993 realizado por Antonio González, cronista oficial de Telde, de un pleito entre los herederos y el párroco, se sabe que fue Nicolás Jacinto su autor. Antonio Almeida es autor del sagrario y del frontal de altar.
El retablo barroco se propone incluir al retablo de Amberes, por ello se policroma y se vuelve a dorar, para facilitar su incorporación. Introduce elementos ondulantes en la calle central y predela, que combinan perfectamente con la moldura que remata al retablo flamenco, no desentonando con el conjunto. Fue realizado en 1765 y es el mejor ejemplo de retablo de estípites que se encuentra en Gran Canaria.
El retablo de estípites se impone en la segunda mitad del siglo XVIII.
Sus trazas son muy equilibradas, tiene un solo cuerpo con tres calles y dos nichos en los laterales, situándose en el derecho a San Pedro Mártir, obra de Luján Pérez, (estuvo situado San José y el Niño), y en el izquierdo a San Juan Bautista, patrón de Telde y obra de Estévez. En la calle central, -lugar que tradicionalmente lo ocupa una hornacina con la imagen a la que se dedica el retablo-, se halla el retablo gótico-flamenco y lo corona un remate con hornacina en la parte central, donde se sitúa el Cristo de Telde.
El discurso iconográfico se nos presenta muy variado, así de una parte se nos muestran los Gozos de la Virgen, en el retablo de Amberes; San Pedro Mártir, como padre de la Iglesia; San Juan Bautista, como patrón de la Iglesia, en los nichos, y un crucificado en el remate. Si en el siglo XVI se imponen unos retablos, dedicados eminentemente a Cristo, en el siglo XVII serán dedicados a María, pero en el XVIII se vuelven muy eclécticos como en este caso.
El retablo gótico-flamenco es obra con toda seguridad, pues está documentado, de un taller de Amberes; esta es una de las grandes aportaciones de este trabajo de conservación aplicado al retablo. Rompe pues la idea de su procedencia, teniéndose como su origen la ciudad de Bruselas y recogido de las investigaciones, muy meritorias, por cierto, del párroco Pedro Hernández Benítez.
Pendiente queda por descifrar los dos textos encontrados y la hipótesis sobre el año de su realización, 1478, año que curiosamente coincide con la fundación del Real de Las Palmas y no resulta descabellado, pues se sabe por el testamento de Cristóbal García del Castillo, que fue el propietario y donante a la iglesia de San Juan del retablo, que lo hizo traer de Flandes en vida de su primera mujer, la cual falleció en 1515.
He podido comprobar que el retablo llegó en tres piezas, encontrando dos flechas incisas en la parte posterior con la finalidad de indicar su montaje, también he comprobado y sacado moldes de la inscripción de la parte posterior del retablo: «Paza el Señoz Xpo García», labor que ya realizara Pedro Hernández y que queda recogida en su libro.
El retablo, en cualquier caso, es producido por el gremio de artesanos de Amberes; sus marcas con forma de manos lo demuestran. La colocación de estas marcas estaba reglamentada a partir del año 1472, como símbolo de calidad, tanto de la madera de roble, con las que están talladas sus figuras y que procedían del Báltico, como de la realización de la talla, su diseño, su policromía y sus dorados. Los retablos de Amberes tienen gran demanda en Europa, y son importados desde muchos países, generándose un comercio. No es casualidad que Amberes sea el principal puerto marítimo de finales del siglo XV, teniendo su apogeo en el XVI.
Breve consideración estética-plástica
El retablo flamenco de San Juan se trata de un políptico con seis escenas, divididas por tres calles y dos cuerpos asimétricos. Tuvo sus puertas pintadas a ambos lados, pues se ha comprobado la existencia de cuatro bisagras, dos a cada lado de la caja. Al decir caja me refiero a una estructura de madera con seis compartimentos que hace funciones de auténtica caja; en su parte anterior van insertas las figuras sobre una base de 35º y la parte superior de flamígero que era el estilo que imperaba en la época.
En el retablo podemos ver todas las características del arte flamenco, potenciadas al tratarse de un conjunto escultórico integrado por 61 figuras. Es una obra sobresaliente, tanto técnicamente como compositivamente y por el tratamiento psicológico-expresivo de cada figura, sin perder de vista la totalidad de la escena. Es el único retablo flamenco íntegro que existe en nuestra Comunidad Autónoma, por lo tanto hablamos de una obra excepcional en nuestro contexto.
A continuación resumo una serie de consideraciones:
1. Se trata de relatar, de contar visualmente las escenas de la infancia de Cristo; son lo que iconográficamente se conoce como los «Gozos de la Virgen». Constituye pues un acercamiento al pueblo que en casos muy contados sabían leer, por lo que las imágenes eran usadas como medios de comunicación; contiene por tanto una carga ilustrativa y pedagógica.
2. Muestra la manera o estilo del arte flamenco. La principal aportación de los primitivos flamencos es crear escenas verosímiles, es decir, en apariencia reales; ello les lleva al culto al detalle. La anécdota está representada, así se llega a representar desde las zapatillas de María hasta las hebillas de las botas.
3. Supone una ruptura con respecto al arte practicado durante la Edad Media, sus avances influyen en el Renacimiento. En este sentido destaco la atrevida colocación
de personajes dando la espalda al espectador.
4. La mirada como recurso compositivo y psicológico. Los personajes se agrupan por su mirada y llevan al espectador a hacer un recorrido visual. Hay figuras que
miran al espectador pareciendo que lo están haciendo partícipe del acontecimiento. El estudio de la mirada será piedra angular del Barroco.
5. Relación entre pintura y escultura. Los pintores y escultores estaban asociados en el Gremio de San Lucas y juntos elaboraban los retablos que eran vendidos en el Pand de Amberes. El retablo muestra una intención pictórica con recursos escultóricos.
6. Composición en elipse y triangular. La inclinación de las bases sobre las que se asientan las figuras y de las paredes de los seis compartimentos nos introducen en la perspectiva cónica.
7. Ritmo compositivo -nada es estático- ver los ritmos de los árboles o el pastor que bebe representados en la escena de la visitación. Se trata como una foto; se capta
un momento fugaz, nos encontramos a las puertas del Renacimiento.
8. Expresividad. Escenas que trasmiten ingenuidad expresiva. Tratamiento expresivo de cada figura. Ver la expresión del buey o los gaiteros con aire en la boca o la sonrisa de un pastor en el nacimiento. Los personajes son tratados de forma individual.
9. La composición está muy equilibrada, a pesar del tratamiento individualizado, nunca se pierde de vista el resultado de conjunto. El equilibrio formal se consigue aplicando leyes de contrapeso mediante las distancias entre los personajes y su agrupamiento.
10. Las seis escenas suponen una actualización de los temas. Efectivamente vemos como los ropajes, calzado e instrumentos musicales corresponden a los utilizados en Amberes en la época de realización del retablo (antes de 1515).
La existencia de un obispo con mitra en los Desposorios; la vista de una ciudad medieval o un Simeón
con gafas demuestran que las escenas se desarrollan coetáneamente, están llenas de vida y son testimonio de su época.